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Te quiero. Te lo he dicho alguna vez? Sí, creo que sí. Pero, te lo volveré a decir, una y otra vez hasta quedarme ronca, hasta que el último rincón de las calles de esta ciudad quede impregnado con mis sentimientos. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero … Seguiría así hasta agotar esta página pero es que me viene tu imagen a la cabeza y soy incapaz de seguir escribiendo porque se me llena el estómago de mariposas y mi entorno empieza a oler a ti. Sabes? Jamás habría adivinado aquella noche que lo serías todo para mi, que serías la razón de mi enorme sonrisa mañanera y de la mítica frase que me dicen mis amigas- “ Estás en las nubes, eh?” Me encantaría poder concentrarme en clase y conseguir hacer esas aburridas cuentas de matemáticas o la sintaxis de lengua. Pero es que, sólo soy capaz de agarrar mi agenda y llenar todas las hojas con nuestros nombres y nuestra fecha hasta que el profesor acaba interrumpiéndome con un: “Ana Robles! Deja ya la agenda!” Entonces intento atender pero aparecen ante mi tus ojos, tus ojazos … Tu boca, tu sonrisa, tu mirada, TÚ. Y vuelvo a pisar las nubes, a estar a tres metros sobre el cielo. No, más alto aún. Sinceramente, no sé cuánto durará esto pero … Ojalá que sea para siempre, porque, tú, me has hecho olvidar cosas que creía inolvidables, me has reconstruido, y , desde mi nuevo ser te digo, TE QUIERO.

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